Carta al Director de Búsqueda

Carta Director Julio 10Semanario BÚSQUEDA – Sección Cartas al Director

Señor Director:

Habitualmente coincido con las columnas de Tomás Linn. Linn expresa el buen sentido, aportando información, reflexión e independencia, excluyendo dogmatismos, sofismas o agravios (en justicia, tal es el tono de Búsqueda, que encarna en sus columnistas de opinión). Linn se ha ocupado siempre de Montevideo. En los últimos meses, refiriéndose a la potencial coalición de blancos y colorados para disputar la Intendencia, le ha reclamado (la ausencia de) propuestas y proyectos concretos; así lo reitera en su columna de la semana pasada, pero en términos que creo merecen algunos matices.

Veamos: (1) Linn reprocha a blancos y colorados no haber dedicado estos largos años en el llano a “imaginar, proyectar y diseñar una mejor ciudad”. Matiz: ante cada instancia electoral, partidos y candidatos formularon programas y propuestas, con más o menos rigor, profundidad y acierto; se dirá que no mucho, a tenor de los resultados; se dirá que a intermitencias electorales, como otras manifestaciones de actividad partidaria; se podrá decir que el esfuerzo fue insuficiente, pero no inexistente. (2) Linn protesta que la coalición no puede ser solo la acumulación de los votos de uno y otro partido, sino que debe presentar propuestas. Matiz: la ausencia de programa de la coalición se explica lisa y llanamente porque todavía no hay coalición, sino trabajos políticos orientados a conformarla; mal puede tener propuestas una coalición que todavía no existe. (3) Linn interpela a los dirigentes de la potencial coalición porque, sin el respaldo programático hoy ausente, pretender ganar, o aún lograrlo, sería un acto fútil, vano, banal. Matiz: descontando (repito: descontando) que el objetivo de la coalición debe ser re-crear Montevideo, y que para eso es indispensable tener propuestas, programas, proyectos, planes, equipos gerenciales, apoyos ciudadanos, talentos técnicos y políticos a granel, una eventual victoria tendría “externalidades” que a nadie escapan: derrotar al F.A. en Montevideo significaría simbólicamente el principio del fin de un ciclo, y la coalición de blancos y colorados un cambio sustancial en el sistema político; que de suyo no asegura ningún avance sustantivo, pero abre nuevos espacios para pensar y hacer la tarea colectiva.

Tomás Linn está harto de vivir en este Montevideo degradado, y está indignado con los elencos políticos, incapaces los unos de gestionar La Ciudad y los otros de proponer alternativas sólidas y seductoras. Aparentemente, la mitad de los montevideanos también está harta e indignada, y expectante frente a la potencial coalición de blancos y colorados. Los dirigentes que han concebido primero y están trabajando ahora por su concreción, tienen clarita la dimensión del desafío, en sus múltiples vertientes. Nadie quiere ganar la Intendencia para salir en la foto; cualquiera en sus cabales entiende que meterse en la Intendencia lo expone al escarnio público, al muy probable fracaso político, y a perder años de vida, literalmente; todos sabemos que para enderezar el rumbo no alcanza con el jolgorio de la campaña electoral, que se evapora el día después de la elección. Tenemos los papelitos claros.

En los próximos días o semanas se formalizarán los espacios para establecer los acuerdos programáticos de la coalición. Habrá seguramente una primera “entrega rápida” vinculada a los plazos y requisitos legales para el registro del nuevo lema. La norma exige la presentación de un “programa o carta de principios” y es eso (solo eso) lo que es posible acordar en el par de meses disponible. Después (recién después) se profundizaría la elaboración programática, tarea que tiene por plazo el 10 de mayo de 2015, fecha de la elección departamental, para cuando debemos tener desarrollado  “hasta la minucia”, como dice con acierto Linn, el plan de acción que deberá implementarse desde el día mismo en que asuman las nuevas autoridades municipales coaligadas, si efectivamente la ciudadanía nos somete a la victoria electoral. En el medio, por cierto, y conforme se vayan acordando, habrán de producirse “entregas parciales” de programas y proyectos que, a mi juicio, no pueden formularse como “ideas”, o “propuestas”, como es tradicional y está documentado en los “programas de gobierno” de todas las fuerzas políticas en todas las elecciones anteriores sino que, inaugurando una nueva época también en esta materia, la coalición debería producirlos en detalle de diseño y ejecución, financiamiento y evaluación, supervisión y riesgos, y toda la parafernalia que viabiliza los proyectos de desarrollo. ¿Las elecciones se ganan con programas y proyectos (o en qué medida)? Es otro tema.

La coalición de blancos y colorados para disputar la Intendencia de Montevideo sacude hasta los cimientos al sistema político y renueva la esperanza de los ciudadanos. Los dirigentes que están dando este paso históricamente gigantesco no son alegres aventureros electorales sino gente comprometida y consciente de su responsabilidad, vinculada además por un componente generacional que no es parte de la crónica pero no es ajeno al impulso. Tiene razón Tomás Linn cuando reclama lo que reclama, pero adviértase que esto recién empieza.

Miguel Manzi
C.I. 1.337.437-7
Publicado en Semanario Búsqueda, Julio 10, 2013

 

 

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