Creíste en la moral y en la honradez, ¡QUÉ ESTUPIDEZ!

21/08/2015

Este estado de mediocridad moral, el más generalizado, contribuye grandemente a explicar la historia del hombre y la situación del mundo.

La moral y la honradez“¿Qué es el moralismo? Es la lección moral dictada a los otros, de la cual quien dicta la lección se siente orgulloso. Ser moralista no quiere decir en absoluto ser moral. El individuo moral somete su propia vida a los criterios del bien y el mal. El individuo moralista somete a tales criterios la vida de los que lo rodean”. El párrafo anterior está tomado de un artículo de Tzvetan Tódorov, con el que me topé por mera fortuna navegando en internet (http://www.contrainfo.com/11425/que-son-el-moralismo-y-los-moralistas/). Después de leerlo íntegramente un par de veces, y tras exigente introspección, quedé honestamente convencido de que yo no soy un moralista. Como dice el autor, “Semejante conclusión tendría como corolario la renuncia a toda crítica de la vida pública”. Y agrega, préstese atención: “Sobre todo, no hay ninguna razón para asimilar la estigmatización pública de las personas, con el examen crítico de una opinión o de una ideología; se pueden condenar las ideas o los actos, sin jamás postular que sus agentes se reduzcan a ellos por entero”. ¡Grande, Tzvetan! Formuladas las salvedades pertinentes (incluyendo la prevención sobre la falacia ad hominem), ya con toda tranquilidad, ¡¡a por ellos!!

MORAL PARA MARGINALES

“Creíste en la moral y en la honradez, ¡qué estupidez!”, dice una estrofa del tango “Desencuentro” (letra de Cátulo Castillo, música de Aníbal Troilo); aunque el clásico de condena a la degradación moral es “Cambalache” (letra y música de Enrique Santos Discépolo). Esos y tantísimos otros versos de grandes poetas populares denuncian, con amargura, el lado oscuro de la famosa “escuela del barrio”, el “boliche”, la “universidad de la calle”. La ausencia de vigor crítico, la falta de atención a las cuestiones morales (por supuesto, empezando por la propia conducta); el silencio, dejar pasar, mirar para el costado, hacerse el distraído, no meterse, callar, fingir demencia, son técnicas que evitan inconvenientes, pero no contribuyen a hacer de éste un mundo mejor. Bien al contrario: si nadie dice nada, lo que está mal sigue pasando, se repite, se reproduce, y a poco se institucionaliza, se incorpora a las prácticas habituales, se hace normal, deja de estar mal. Tirar basura en la calle; colarse en la fila; los barrabrava; las madres que pegan a las maestras; los libros de historia que mienten; los remates de aviones amañados; los ajustes de cuentas (ahora los cortan en pedazos y los prenden fuego); la FIFA; Donald Trump; el Estado Islámico; ¡el velo en las escuelas!; el oligofrénico que enchastra “Rude”. Y ya que estamos: el INAU; los sindicatos de la enseñanza; Aire Fresco. Si callamos, siguen pasando y se instalan. Al contrario, si protestamos, si reclamamos, si actuamos, si trabajamos, algunas cosas mejoran (es el famoso progreso).

DE CARNE SOMOS

Un escalón por encima del amoral anterior, se alza la moral media, en la que nos movemos todos habitualmente. Por el entorno de los diez mandamientos (uno más, uno menos), pero sin fundamentalismos. Algo razonable, que nos permite conciliar el sueño, y no nos impide pagar sin IVA de vez en cuando. Muy próxima a las convenciones sociales, la falta de rigor de la moral media encierra el riesgo permanente de su degradación. Su diferencia sustancial con la amoralidad de los marginales, es que quien se ubica en este nivel no renuncia a valorar. Puede que actúe en consecuencia o no, pero sabe que no es todo lo mismo, intuye lo que está bien y lo que está mal, se despacha dos por tres contra algún abuso, y protesta contra “la crisis de valores”. Por cierto, seguimos a distancias cósmicas de la aristocracia espiritual; pero zafamos de la amoralidad, vivimos en cierta tensión, mínimamente alertas, y nos estorba la conciencia. Este estado de mediocridad moral, el más generalizado, contribuye grandemente a explicar la historia del hombre y la situación del mundo.

MORALIDAD POLÍTICA

La moral media de los actores políticos es igual a la del común mortal, naturalmente. Pero debería ser mejor, por la escala de su impacto: en extremo, la República. Sin embargo, con igual frecuencia que en la vida civil, los dirigentes políticos encuentran excusas para bajar la vara: “el fin justifica los medios”, “para ganar me abrazo a una culebra”, y preciosuras por el estilo. Decía don Carlos Vaz Ferreira sobre la moralidad política: “Por mi parte, prefiero, y sólo puedo recomendar, la otra actitud: la aplicación, a la política, de la moral simple, clara y pura. Creo en los resultados remotos, invisibles o difíciles de observar, de la conducta moral. Creo, y más todavía por razones prácticas que por razones teóricas, que en la mayor parte de los casos en que el sacrificio de ciertos principios y reglas de conducta claras se muestra como aparentemente provechoso, se trata de una ilusión: ilusión por considerar sólo efectos próximos: ilusión de miopía”. Cortoplacismo, enanismo, sentimiento de impunidad, agrego yo. Siendo que, por el contrario, la conducta de los dirigentes políticos está sometida a mayores rigores que la del ciudadano común, por su exposición a la opinión pública, dama tan sensible que impone a quien pide su confianza no solo serlo, sino también parecerlo (esa mala costumbre la inauguró Julio César para sacarse de encima a Pompeya, a quien repudió sin pruebas, “porque quiero que de mi mujer ni siquiera se tenga sospecha”, chusmea Plutarco).

NO PARECE

El Partido Colorado está atravesando una crisis múltiple, de pronóstico reservado: ideológica, programática, dirigencial, organizacional, electoral, existencial. En tal estado, la colectividad no puede soportar el peso de sospechas morales, ni nadie tiene derecho a someterla a ese abuso. La conducta del Secretario General del Partido, diputado por Maldonado Germán Cardoso, ha sido cuestionada públicamente por los ediles colorados de su departamento, Carlos Flores y Marco Correa. Sostienen los ediles que Cardoso asumió compromisos pre electorales con el candidato blanco y a la postre intendente de Maldonado, Enrique Antía, quien en su discurso consagratorio dijo que asumió “en nombre de la Concertación”. El problema es que en Maldonado no hubo Concertación… sino que los blancos presentaron sus candidatos y los colorados los suyos. Ya en ejercicio de su posición, el Intendente blanco nombró en cargos jerárquicos de la comuna al hermano del Secretario General colorado, Gonzalo Cardoso; a Miguel Corbo, convencional por Vamos Uruguay; a Gerardo Rodríguez, secretario de bancada del sector de Bordaberry; a Raúl Vilariño, miembro de Vamos Uruguay; a Paola Cordone, secretaria de bancada en la Junta fernandina; a Martín Marzano, miembro del ejecutivo de Vamos Uruguay en Maldonado; a Bethy Molina, suplente del diputado Cardoso; a Marcelo Inzaurralde, suplente de Cardoso entre 2010 y 2014; a Fernando Cairo, actual miembro de la Junta Electoral fernandina; a Luis Muñiz, ex edil de Vamos Uruguay; y a Carlos Rodríguez, convencional del mismo sector. No sé si hay más casos; esta información salió en todos los diarios de circulación nacional y no fue desmentida en su factualidad. Preguntado a su respecto, el diputado Cardoso dice que no hizo ningún acuerdo con Antía, sino que el Intendente llamó por su cuenta a esos ciudadanos, en atención a sus capacidades. Puede ser; pero no parece. Y como no parece, el Partido Colorado todo queda bajo sospecha, a cuenta de su Secretario General. Siendo tal situación incompatible con los esfuerzos por recobrar la confianza de la ciudadanía, esta semana el diputado Ope Pasquet presentó renuncia a su cargo de Prosecretario de Asuntos Internacionales del Comité Ejecutivo Nacional del Partido Colorado. Dígase además que el representante de “Batllismo Abierto” en el Comité Ejecutivo Departamental de Montevideo, Medardo Manini Ríos, hizo lo propio también esta semana, ante la irregularidad reconocida y no subsanada en la elección del nuevo secretario general de ese cuerpo. Dolorosas decisiones ambas, tanto como inevitables; pero si el Partido Colorado zafa de la marginalidad, habrá de hacerlo alzándose sobre la moral media.

Miguel Manzi
miguelmanzi@gmail.com
Publicado en Portal MontevideoComm y Semanario Opinar. Agosto 20, 2015

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