EL GOLPE EN FRÍO

EL GOLPE EN FRÍOAcabo de leer el último libro de J.M.Sanguinetti, “El cronista y la historia”. Algunas de sus páginas carecerán de interés para quienes no participen de sus posiciones partidarias; otras, en cambio, son lectura recomendada para quienes quieran repasar episodios decisivos de la historia contemporánea (nacional, regional y mundial), cuyas lecciones solo cabe despreciar por ignorancia o arrogancia (siempre abundantes). De la sección del libro dedicada a la crónica del golpe del 73, del artículo “El quiebre de una tradición”, tomo un par de párrafos para ilustrar esta columna (manipulo en parte la prosa original para que ajuste). Rematando el relato de las jornadas decisivas que culminaron con la clausura del Parlamento, dice Sanguinetti: “El golpe sobrevino como en frío. (Y el proceso no tuvo) en el ámbito político, la respuesta de una mayor unidad de los partidos, por lo menos los dos tradicionales, sin diferencias ideológicas insalvables entre sí. Sin embargo, llegaron hasta el final separados y divididos, con enfoques estratégicos y tácticos distintos, con mucho de personalismo en sus líderes”.

SEMEJANZAS Y DIFERENCIAS

El momento histórico que está atravesando la República (llamémoslo, con obvio criterio, “el ciclo frenteamplista”) tiene (entre otras) una diferencia decisiva (gigantesca) con el ciclo previo al golpe del 73, que es la ausencia de un grupo armado (los tupas) atentando desde la clandestinidad contra las instituciones democráticas, con su saga de secuestros, torturas, asesinatos y crímenes, propios y ajenos (nótese, de paso, que la única víctima de violencia política desde la recuperación democrática fue el muerto del Filtro, en el 94, episodio concebido y comandado por Mujica y Zabalza). Del lado de las semejanzas, puede anotarse (entre otras) una que viene creciendo de manera exponencial, cual es el descaecimiento (debilitamiento, manoseo, violación) de las instituciones republicanas, esta vez por el abuso prepotente de las mayorías políticas. Este fenómeno, incipiente en el primer gobierno de Vázquez, se desató con brutal ferocidad bajo Mujica, y explotó con este segundo Vázquez imperial, transformando al Poder Legislativo en legitimador de atropellos sistemáticos a la Constitución, y al Poder Ejecutivo en la madama de una impúdica orgía populista; embruteciendo a los ciudadanos y degradando el Estado de derecho.

GOLPE A GOLPE

Tras mentar los golpes de 1933 y 1942, Sanguinetti anota que “Esas dos situaciones, únicas anormalidades institucionales en el siglo XX uruguayo, tenían sin embargo una diferencia capital con la actual (se refiere al 73), que era la ausencia de la fuerza militar como factor de poder político”. En este punto, hoy estamos como en el 33 y el 42: las FF.AA. no son factor de poder político, cuya porción ampliamente mayoritaria gestiona el Frente Amplio, con el ejército de asalariados y clientes del régimen; la fuerza militar ni pincha ni corta. ¿Para qué, entonces, Topolansky quiere “por lo menos un tercio de la oficialidad y la mitad de la tropa” de su lado? (http://semanarioreconquista.blogspot.com.uy/2012/05/lucia-topolansky-dijo-que-quiere.html; http://www.uypress.net/auc.aspx?27891). Una hipótesis razonable es que Topolansky&Cía. siguen trabajando por un proyecto hegemónico (Topolansky&Cía. no aprendieron nada), e imaginan que las FF.AA. son el único competidor potencial, de modo que aspiran a neutralizarlo. Si en la construcción de su proyecto necesitaran fuerza, ahí está la Policía armada a guerra, habiéndole centuplicado sus recursos, en el mismo tiempo en que se centuplicó la delincuencia (en esta hipótesis conspirativa, el operativo Casavalle fue un ensayo a la venezolana). Al final, sería verdad que “La historia se repite dos veces, la primera como tragedia y la segunda como farsa” (Google asegura que la frase luce al inicio del libro de Marx “El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte”).

EL PERIODISTA Y EL POLÍTICO

Existen, como quedó dicho, otras semejanzas y diferencias entre el actual momento histórico y el 73. Días atrás, Juan Miguel Carzolio publicó en su cuenta de Twitter, con evidente ironía: “Larrañaga dice que la oposición debe alcanzar grandes acuerdos nacionales. Los blancos no se ponen de acuerdo si un intendente puede comprar nafta a sus estaciones o subir los sueldos de sus colaboradores”. La publicación recibió innumerables apoyos, entre los que registré los retuits de Gerardo Sotelo y Álvaro Amoretti; son tres distinguidos y estimados periodistas, a quienes siguen con atención miles de personas. Pero el razonamiento está errado, encierra una falsa oposición. En efecto, los blancos pueden seguir discrepando en punto a unos temas, pero pueden, sin contradicción lógica ni política, acordar entre ellos y con los demás partidos todos los otros que se les ocurra. Separar las discrepancias de las coincidencias y, cuando las segundas son más que las primeras, obrar coordinadamente, entre sí y con los demás, aún a costa de intereses personales o partidarios (como debió suceder en el 73). Tal es el mandato de la hora. Acordar, con sentido de emergencia republicana, aunque no haya ruido de sables ni zumben balas de terroristas. Acordar, entre sí y entre todos, ante los golpecitos en frío que viene sufriendo la República. Eso es lo que debe hacerse para acabar con el ciclo frenteamplista, antes de que el ciclo frenteamplista acabe con el país.

Miguel Manzi
miguelmanzi@gmail.com
Publicado en Portal MontevideoComm y Semanario Opinar. Enero 15, 2018

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