UNA CUESTIÓN DE JUSTICIA

LEGÍTIMA DEFENSA, UNA CUESTIÓN DE JUSTICIA

UNA CUESTIÓN DE JUSTICIAVoces invitó a reflexionar a partir de la anunciada propuesta legislativa para que los asesinatos cometidos por dueños de casa contra intrusos sean considerados legítima defensa. Yo me lo imagino así:

En el medio de la noche, lo despertó un ruido adentro de la casa. Pese al entresueño, le resulta evidente que alguien entró por la puerta de atrás y se tropezó con el banquito que está al costado de la cocina. Viene tanteando; no tardará en avanzar por el corredor hacia los cuartos. Los más chicos están durmiendo en el de al lado. La más grande salió, pero está seguro de que la oyó volver; también está en su cuarto durmiendo. Imagina al intruso acercándose; un shock de adrenalina le prende de golpe todos los circuitos. ¿Es uno solo o serán dos? ¿Están armados? ¿Están pasteados? No siente miedo, siente furia: una comadreja se metió en el nido y amenaza a los pichones. En la siguiente fracción de segundo, está dispuesto a todo para defenderlos; no piensa en otra cosa; no le importa otra cosa; instinto y cerebro concentrados exclusivamente en la defensa de la nidada. El corazón y la cabeza le van a mil.

Justo el otro día estuvo hablando de estas cuestiones. Si hacerse de un arma o no; qué tipo de arma; si un trabuco como el de Harry el Sucio, o una de aire comprimido nomás. Después, está el tema de acertarle, mirá que no es como en las películas (incluso en algunas películas le erran: por ejemplo en “Wyatt Earp” o, por estos días, en “Viento Salvaje”, hay sendos tiroteos entre tipos que están a pocos metros, y les cuesta todo el cargador embocarse). Por otra parte, ¿cuántas veces disparó un arma? ¿Alguna vez disparó un arma? ¿Alguna vez disparó un arma contra otra persona? No, andar calzado no es para cualquiera. De repente es mejor un bate de béisbol, o una picana, o alguna especie de espada, como las de “Kill Bill”. Si, eso puede ser mejor.

Pero ahora ya no importa: lo tiene en la mano y no puede detenerse, está en marcha, al encuentro de su destino. Hay vidas que valen por un solo y único momento; a veces ese momento dura toda la vida; a veces pasó y ni te enteraste. Parece que este es ese momento. Hay nuevos ruidos, de un lado y del otro. Se dan cuenta que el otro se dio cuenta. ¿Por qué está en esta situación? ¿Cómo llegó hasta acá? ¿Qué va a pasar ahora? Finalmente (inevitablemente), en la media luz medio fantasmal que se cuela en la casa desde el farol de la calle, hacen contacto visual. Cierra los ojos y dispara; el otro cae muerto, la Magnum a su lado.

La crónica policial informará que este trágico episodio ocurrió un par de días después de sancionada la ley en virtud de la cual los asesinatos cometidos por dueños de casa contra intrusos se consideran legítima defensa; fue el primer caso que se sustanció bajo la nueva norma. Para sorpresa de algunos, en aplicación elemental del principio superior, inderogable e inabrogable de igualdad ante la ley, abogado, fiscal y juez coincidieron en que, al disparar, el chorro actuó en legítima defensa, con incuestionable proporcionalidad frente a la actitud del dueño de casa, que salió en su búsqueda para matarlo. La ley es dura, pero es la ley.

Miguel Manzi
miguelmanzi@gmail.com
Publicado en Semanario Voces. Diciembre 14, 2017

 

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