Tabla balotaje edit

CAPRICHITOS

“Yo a Fulanito no lo voto”; “yo con el partido Tal no voto ni loco”; “yo no hago acuerdos con nadie” (¡¡con nadie!!); caprichitos; y con caprichitos no se llega a ningún lado. ¿Por qué estamos hablando de acuerdos, pactos, concertación, coalición? Porque el Frente Amplio en el gobierno no se aguanta más; porque un cuarto gobierno frenteamplista infligiría daños ya catastróficos al país; porque esto tiene que cambiar (tal era el eslogan de “Libertad y Cambio” en las internas del año 82; soy un dinosaurio). Y según toda la evidencia disponible, la única manera de que cambie el signo del gobierno es poniendo en la cancha una coalición de todas las fuerzas opositoras; tal es la única alternativa visible con chance real frente a la coalición oficialista. En efecto, si la oposición se presenta separada, pierde. Como ha perdido las últimas tres elecciones; como seguirá perdiendo mientras subsista “el país en mitades” que describía el Sordo González (el F.A. de un lado, y todos los demás del otro). Si queremos cambiar, pues, tenemos que pactar.

EL BALOTAJE NO ALCANZA

Supongo que quienes concibieron la reforma constitucional/electoral del 96 (los principales dirigentes blancos y colorados de la época), que introdujo el balotaje cuando ya se avizoraba “el país en mitades”, imaginaron que los votantes de los PP.TT. apoyarían, en su práctica unanimidad, al candidato del que pasara a segunda vuelta frente al candidato del F.A. Calcularon mal. Sobreestimaron los vínculos que derivarían de la “familia ideológica” y subestimaron las aversiones y consiguientes fugas que se producirían de octubre a noviembre (en la tabla se pueden ver los porcentajes, concluyentes; no hay razones para pensar que 2019 será distinto). Podemos seguir fingiendo que esto no es así. Podemos seguir apostando a que todos los votos opositores de octubre se trasladen al candidato opositor en noviembre. Podemos seguir creyendo que alcanza con el expediente electoral del balotaje para derrotar a la coalición gobernante. Podemos seguir perdiendo con el F.A. Pero también podemos recorrer otros caminos, que nos conduzcan a destinos más venturosos. Podríamos, por ejemplo, derogar la reforma del 96 y acabar con el balotaje, que resultó funcional al F.A. (no creo que pudiéramos…). O podríamos asumir que la lógica del balotaje reclama coaliciones sólidas, y construir una coalición opositora sólida. Una coalición política, programática y electoral, con la anticipación, la extensión y la profundidad suficientes para que la ciudadanía pueda asimilar una novedad de esas dimensiones, y al cabo pueda votar por la continuidad o por el cambio (que tal es la disyuntiva relevante, y no otra).

SIN COMPLEJOS

Los que somos de tradición colorada y batllista, podemos abrevar inspiración pactista a todo lo largo de la historia partidaria (los blancos y nacionalistas están en idéntica situación, por cuanto cada vez que pactamos nosotros, pactamos con ellos…). Rivera pactó; Flores pactó; ¡Santos pactó!; Batlle y Ordóñez pactó; Luis Batlle pactó; Julio María Sanguinetti pactó; Jorge Batlle pactó. Pactar, negociar, acordar, es la esencia misma de la política, por oposición a la guerra. En la política democrática, es el arte de entenderse para formar mayorías desde las cuales diseñar y ejecutar políticas públicas para el bien común. La virtud o el vicio no están en el acto, sino en el contenido de los pactos. Desde luego, las fórmulas y las formas de los acuerdos son distintas en cada circunstancia. Para el Partido Colorado, muy en particular, cualquier acuerdo que encare en el presente, habrá de hacerlo desde una posición inédita, porque nunca antes, en su historia casi bicentenaria, marcó un dígito en las preferencias ciudadanas. Esta circunstancia adversa no cambia lo que toca hacer ahora; solo reclama más coraje, más imaginación y más responsabilidad.

EL ACUERDO GRANDE

Si a colorados y a blancos no les tiembla el pulso a la hora de pactar, no debería temblarle tampoco al Partido Independiente (que antes de ser tal, formaba parte de la coalición frenteamplista), ni al Partido de la Gente (que se ambientó al calor de la coalición montevideana del pasado período electoral). El parte aguas es la continuidad o el cambio, el Frente Amplio o la oposición. Y si blancos y colorados votamos juntos en instancias decisivas desde 1985 a la fecha, es igualmente cierto que, desde que se inauguró el presente gobierno, el Partido Independiente ha coincidido infinitamente más con el bloque opositor que con el oficialismo; con vacilaciones en el ámbito montevideano, pero puede decirse lo mismo del Partido de la Gente. Si lo anterior es verdad (y es verdad); si son mucho, muchísimo mayores las coincidencias entre el Partido Colorado, el Partido Nacional, el Partido Independiente y el Partido de la Gente, que entre ellos y la coalición Frente Amplio. Si las discrepancias del bloque opositor con el oficialismo no refieren solo a matices programáticos o a soluciones puntuales, sino también a cuestiones centrales en el modo de entender la libertad, la democracia y la república. Si tales diferencias obligarían a los partidos opositores a respaldar a cualquiera de ellos que pasara a segunda vuelta; entonces debemos anticipar la decisión. Para tener la oportunidad de construir un sentido colectivo, sin el cual no es posible sostener un gobierno. Para que los ciudadanos se familiaricen con la idea, se interioricen de sus propósitos, y estén en condiciones de acompañar a una fórmula opositora multipartidaria en octubre. Para que tal cosa sea posible, debe haber acuerdo grande, coalición grande, interna grande, en mayo. Para ganar. Para cambiar.

Miguel Manzi
miguelmanzi@gmail.com
Publicado en Portal MontevideoComm y Semanario Opinar. Abril 30, 2018

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