EL CUARTO GOBIERNO DEL FRENTE AMPLIO

EL CUARTO GOBIERNO DEL FRENTE AMPLIO

En junio 2019, con las elecciones internas, empieza un nuevo ciclo electoral. Falta un año, menos el mundial, menos el verano, quedan, digamos, 9 meses útiles para armar el cuadro, con alguna variante significativa respecto al pasado reciente. Digo: si no aplicamos variantes, si hacemos lo mismo que hasta ahora, por fuerza el resultado será el mismo de las tres elecciones anteriores: volverá a ganar el Frente Amplio. ¿Y qué podemos hacer? ¡Pues copiar al FA!, la construcción política más exitosa del último medio siglo; potenciada por la reforma electoral del 96, que con el balotaje institucionalizó la lógica de las coaliciones. El gráfico que acompaña esta columna muestra que entre primera y segunda vuelta la oposición, que comparece por separado, pierde votos, mientras la coalición Frente Amplio los gana. El asunto, entonces, sería recalibrar las prioridades: quien entienda que un cuarto gobierno del FA infligiría daños ya catastróficos a la República, debería considerar seriamente la conformación de una coalición opositora.

PENSAMIENTO MÁGICO

En cambio, quien no sienta la urgencia de desplazar al Frente Amplio del gobierno, puede especular con los caprichos del electorado, dejar todo igual, y timbearse cinco años más de corrupción, pobreza, ignorancia, fractura, populismo, incompetencia, ausencia de destino. Habrá quien vea las encuestas y crea que ahora sí están fritos. Habrá quien se mire al espejo y piense que no puede perder. Habrá quien privilegie intereses partidarios o personales. Pero el riesgo es tan grande y el precio es tan alto, que no debería quedar espacio para el pensamiento mágico. Ya nos pasó tres veces; la última era una fija que el FA perdía las mayorías parlamentarias; y no solo las conservó, sino que en el balotaje alcanzó una diferencia récord de TRECE PUNTOS (¡¡trece puntos!!) frente al candidato opositor. ¿Qué cosa sería tan distinta el año que viene? ¿El desgaste del gobierno? ¿La desaceleración de la economía? ¿El atractivo de los candidatos? ¿Qué más? ¿Una campaña novedosa? ¿Mayor disponibilidad de recursos? ¿Un discurso conmovedor? ¿Alcanza? ¿Cómo hace el Partido Colorado, o el Partido Independiente, o el Partido de la Gente, que hoy marcan UN DÍGITO, para pasar al balotaje? ¿Cómo hace el Partido Nacional, que ya se probó TRES VECES, para ganar en segunda vuelta? ¿De verdad alguien piensa que la acumulación frenteamplista no aguanta otra elección? ¿De verdad alguien cree que ya se agotó el ciclo, anclado como está en la enseñanza, el carnaval, la academia, el deporte, los gremios, la empresa, ciudad y campo, entre los pobres (cada vez más pobres) así como entre los ricos (cada vez más ricos)? ¿De verdad alguien subestima la gestión fronteriza con la ilegalidad de los recursos públicos que perpetra la coalición de gobierno? ¿De verdad alguien discute la evidencia del electorado partido en mitades? ¿Y que una mitad vota junta y gana, mientras la otra se dispersa y esteriliza?

EL CUARTO GOBIERNO DEL FRENTE AMPLIO

LA HIPÓTESIS DE MÁXIMA

En los últimos meses, dirigentes de primera línea del Partido Nacional y del Colorado, se han pronunciado a favor de alcanzar acuerdos programáticos entre las fuerzas opositoras: muy bien, gran adelanto, los acuerdos programáticos son indispensables; sin embargo, no son suficientes. (El otro día, revolviendo papeles viejos, me topé con el “Acuerdo Programático entre el Partido por el Gobierno del Pueblo y el Foro Batllista”, de 1994; no me acordaba ni que hubiera existido; cómo olvidar, en cambio, que esas elecciones fueron ganadas por la fórmula Sanguinetti-Batalla). El año pasado, Pablo Mieres lanzó la idea de conformar un “polo socialdemócrata”, con sectores de todos los partidos que tuvieran ese talante. La propuesta requería que tales sectores abandonaran sus partidos de origen, camino que probó ser intransitable; pero fue otra manifestación del ánimo acuerdista. En el anterior período electoral, blancos y colorados constituimos el Partido de la Concertación, lema bajo el cual comparecimos juntos, cada cual con su candidato, a los que se agregó Edgardo Novick (quien a la postre arrasó a sus competidores dentro del lema). Es verdad: la experiencia nos dejó un gusto amargo a blancos y a colorados, que recogimos una muy magra cosecha electoral; sin embargo, ese pésimo resultado no puede honestamente atribuirse al diseño, sino a su ejecución. La mesa, pues, está servida, y tiene lugar para todos: el Partido Nacional, el Partido Colorado, el Partido Independiente, el Partido de la Gente. La hora reclama una coalición opositora que, para tener chance de ganar primero y gobernar después, debe ser integral, completa: política, programática y electoral.

EL MODELO DE ÉXITO

El modelo de éxito es el Frente Amplio. Construir una coalición opositora al estilo FA, no implica renunciar a las identidades partidarias de los coaligados. Coalición no es fusión, como testimonian el Partido Comunista, el Partido Socialista, el Movimiento de Participación Popular, Asamblea Uruguay, y el resto de partidos, partiditos y partidúsculos que conforman el FA, cada uno de los cuales conserva su orgánica, tiene su vida propia y toma sus propias decisiones, que después ventila y negocia en el seno de la coalición (de eso se trata). Construir una coalición opositora implica, sí, sortear obstáculos de todo tipo. Pero me apresuro a afirmar que todos los obstáculos relevados hasta ahora son salvables. Entre ellos, las severas restricciones que impone la legislación electoral uruguaya, que pueden ser superadas por acuerdos políticos (como hace el FA). Y dice así:

Todas las fuerzas opositoras comparecemos en las ELECCIONES INTERNAS de junio 2019 bajo el Partido de la Concertación (cada cual conserva su lema original: PN, PC, PI, PG; otro día vemos cómo). Salen todos los candidatos que haya (Lacalle Pou, Larrañaga, Alonso, Antía, Mieres, Novick, Amorín, Amado, Talvi si se larga, cualquier tapado que aparezca). Esta comparecencia bajo el mismo lema es indispensable para presentar una FÓRMULA COMÚN en las ELECCIONES NACIONALES de octubre. Por ley, el candidato a presidente será el más votado en las internas. Por acuerdo político, el candidato a vicepresidente será el más votado del segundo “sublema” más votado (en las internas no hay sublemas, de modo que el diseño se pacta políticamente) (como hace el FA). Esta previsión asegura que la fórmula se integre con dos dirigentes de distintos partidos. La fórmula multipartidaria y el trabajo técnico y político conjunto desde temprano, en el marco de la coalición, moderarían las aristas más irritantes que exhibimos los unos frente a los otros a la hora de votarnos (como en el FA), propiciando la concentración de los votos opositores para ganar, tanto como articulando equipos y bancadas para gobernar. Una “interna grande” bajo la Concertación, sería altamente competitiva (entre candidatos y entre partidos); promovería un gran debate de ideas entre liberales y socialdemócratas (republicanos todos); permitiría llegar a octubre con un gran proyecto de futuro para el país; y ofrecería las seguridades que todo ciudadano sensato reclama para acompañar un cambio. Eso; o el cuarto gobierno frenteamplista.

Miguel Manzi
miguelmanzi@gmail.com
Publicado en Portal MontevideoComm y Semanario Opinar. Mayo 14, 2018

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