la interna grande

LA INTERNA GRANDE

“SE CONFIRMÓ DECIMOQUINTO AÑO CON SUBA DEL PBI. 2003-2018 es el ciclo más largo de crecimiento económico en la historia del país”. Este fue el titular antes de turismo, y aguanta UYCheck. Al principio empujaron los comoditis, ahora empuja el consumo interno a fuerza de dólar planchado y pérdida de competitividad; siempre con el firme respaldo de endeudamiento externo, aumento del gasto público y déficit fiscal en cotas récord, 70.000 nuevos funcionarios y sumando, y 250.000 familias subsidiadas. Ahora, además, se frenó la inversión, la desocupación está picando el 10%, hay 400.000 trabajadores que ganan menos de 20.000 pesos, 10% de la población está bajo la línea de pobreza, 7 de cada 10 uruguayos no termina secundaria, se registra más de un muerto por día, ni se sabe cuántos hurtos y rapiñas, y el narco ya mata de Av. Italia al sur. La corrupción no salpica, empapa, a principales dirigentes frenteamplistas: Sendic tuvo que renunciar, y quedan varias causas judiciales en curso; el gobierno de Mujica fue un desquicio, y en este nuevo de Vázquez se vienen forzando todos los límites institucionales. Pero “se confirmó decimoquinto año con suba del PBI”, de modo que El Economista nos otorga la malla oro de la región, y el gobierno progresista se felicita por ese galardón, otorgado por la más rancia ortodoxia liberal. Así, o más o menos así, vamos a llegar al período electoral que empieza dentro de un año y poco (en mayo 2019 internas, en octubre primera vuelta legislativa, en noviembre balotaje ejecutivo, en mayo siguiente departamentales). El pre-candidato oficialista mejor perfilado es Daniel Martínez, aunque no puede descartarse que Mujica, un sujeto que no tiene palabra, se presente. A este escenario, las encuestas responden dividiendo más o menos en tercios: el Frente Amplio, el Partido Nacional, y todo lo demás (PC, PI, PG, indecisos, ns/nc). Cada cual tiene su opinión sobre pisos y techos, pero yo creo que también así, o más o menos así, vamos a transitar el presente año. Los cataclismos políticos no se dan de continuo (salvo en las revoluciones cuando están en curso, y en las campañas electorales cuando alguno agarra la ola), y el descrédito ya se llevó toda su parte; de modo que, para mover la aguja, en adelante hará falta una propuesta positiva (sí, ya sé; pero las campañas no tienen reply). Yo creo que el Frente Amplio no puede, no tiene con qué, renovar la ilusión, la promesa, la alegría, que representó en el pasado; en cambio tiene, sí, argumentos de poder suficientes para ganar la próxima elección.

HA NACIDO UNA ESPERANZA

El Frente Amplio es la construcción política más exitosa del último medio siglo uruguayo. Después de la dictadura, el F.A. ganó 3 elecciones, contra 3 del Partido Colorado y 1 del Partido Nacional. En la bolsa frenteamplista caben desde los marxistas-leninistas-estalinistas más recalcitrantes (no sé si quedan maoístas o polpotianos), hasta moderadísimos social-demócratas (no sé si quedan demócrata-cristianos); el crisol original fue “un programa, un candidato”. Tan exitosa resultó la fórmula, que superó la modificación del sistema electoral que introdujo el balotaje (cuando el F.A. se había constituido en el tercio mayor del sistema, de modo que “pocos observadores podrían dudar seriamente del carácter obstruccionista de la reforma”), reconfigurando “la antigua y fundadora bipolaridad colorado-blanca” (los entrecomillados son de José Rilla, en su formidable libro “La actualidad del pasado – Usos de la historia en la política de partidos del Uruguay (1942-1972)”, Ed. Sudamericana, 2008). Es que (sin que hagan falta citas eruditas) la lógica del balotaje implica la conformación de coaliciones. Desde luego, los promotores de la reforma de 1996 sabían que era así, y confiaban que podría funcionar entre blancos y colorados. Por entonces, Julio María Sanguinetti colocó en pantalla la cuestión de las “familias ideológicas” (cuya génesis se remonta a Francia, 1964, cuando se contrapuso la “familia liberal” de los republicanos independientes de Giscard D’Estaing, a la “familia gaullista”; lo aprendí en el mismo libro de Rilla recién citado).

¿QUIÉN LE TEME A LA COALICIÓN?

Las fronteras de las coaliciones, siempre sinuosas, admiten diferentes geografías en latitudes diferentes. Y aún, hay donde se consienten fronteras móviles (el Frente tomó ese camino con la Liga Federal de Darío Pérez, en salvaguarda del voto 50). En Uruguay, nadie (repito: NADIE) propone desmontar el Estado de bienestar, las redes de protección social, las conquistas de los trabajadores; y solo los talibanes del F.A. se oponen a revisar aquellos subsistemas que corren severo riesgo de colapso. Esos mismos talibanes son los que defienden las dictaduras y los populismos, siempre y en todo el orbe, como hoy mismo a la narcodictadura venezolana. Con esos tipos (y tipas), que marcan el paso de la coalición Frente Amplio, yo no voy ni a misa. La frontera de mi coalición separa, de un lado, a esos populistas antirrepublicanos, y del otro, a los liberales progresistas (vieja expresión que viene renovando credenciales). O, en términos más prácticos, los que hoy son gobierno, de los que hoy son oposición (incluyo a Novick, a beneficio de inventario). Mieres dice que puede pasar a segunda vuelta; Novick dice que puede ganar el balotaje; los blancos están seguros de ganar las elecciones; entre los colorados no hay nadie que se atreva a tanto, solo por ahora. FENÓMENO. Si todos creen que pueden ganar, una coalición de todas las fuerzas opositoras solo puede asegurarles la victoria. En cambio, solitos, volvemos a perder; la evidencia después de tres elecciones es concluyente. Y la ominosa perspectiva de un cuarto gobierno frenteamplista, obliga a sacrificios extremos. Debe armarse una coalición opositora, para ganar primero y para gobernar después; el modelo de éxito es el Frente Amplio: programa, orgánica e internas comunes. La buena noticia es que la mitad del camino ya está recorrida, merced al esfuerzo hecho en Montevideo con el Partido de la Concertación. Por cierto, escalar esa experiencia de lo departamental a lo nacional es un camino que está lleno, repleto de obstáculos, de todito orden (también lo estaba la coalición para Montevideo).

NO ES TAN DIFÍCIL…

Para hacer corta una historia larga (que, como con fina intuición anticipó el joven y distinguido correligionario Carlos Fedele en reciente nota, tendremos tiempo de ir desgranando en los próximos meses), la cosa podría ser así: (1) Vamos todos a la interna de mayo 2019 bajo el lema Partido de la Concertación: Lacalle Pou, Larrañaga, Alonso, Mieres, Novick, Amorín Batlle, Amado, Talvi si finalmente se larga; todos. (2) Comparecemos unos bajo el sublema “Hueso de bagual”, otros bajo el sublema “Sangre de toro”, y por el estilo; no hay cómo equivocarse.  (3) En este marco, construimos el programa común y el equipo de gobierno, con lo mejorcito de cada uno. (4) Por ley, candidato a presidente en octubre será el candidato más votado del sublema más votado en mayo. (5) Por acuerdo político, candidato a vice será el candidato más votado del segundo sublema más votado; para evitar la eventualidad de una fórmula del mismo partido, tanto como para incentivar a quienes hoy marcamos un dígito, así como para reforzar la “moral de coalición”, a falta de personalidades “independientes” en el sentido frenteamplista original.

La obligación es ofrecer una opción política competitiva frente a la coalición gobernante, que asegure un destino digno para cada ciudadano y venturoso para el país. Tenemos un año para formalizar la iniciativa, y medio año más para sustanciarla.

Miguel Manzi
miguelmanzi@gmail.com
Publicado por Portal MontevideoComm y Semanario Opinar. Abril 2, 2018

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